Vivir de día para siempre.
Lo que perdemos cuando no perdemos nada. Una serie, un sofá, y demasiadas preguntas para una noche de vino.
Lo que perdemos cuando no perdemos nada. Una serie, un sofá, y demasiadas preguntas para una noche de vino.
La espiritualidad por sí sola no me salvó. Me salvó rendirme y ser honesto conmigo mismo.
Y el arte de aprender a sentarte con tu demonio y fumarte un cigarro con él.
“Sé que los muertos pesan, no tanto por la ausencia, como por todo aquello que entre ellos y nosotros no se ha dicho.”
Si me hubieras conocido hace unos años, no podrías haberte imaginado que yo estaría hoy hablando de esto. “Escepticismo” era mi segundo nombre.
Si entraste acá buscando que te hable de ángeles que te susurran al oído mientras flotás en una nube de incienso, te equivocaste de link. En serio, cerrá todo acá.