Ni ángeles de purpurina, ni mermelada espiritual: Bienvenidos mi Diario.
Si entraste acá buscando que te hable de ángeles que te susurran al oído mientras flotás en una nube de incienso, te equivocaste de link. En serio, cerrá todo acá.
Antes que nada, no estaría de más presentarme, siendo este mi primer texto.
¡Hola!, mi nombre es Lisandro… Soy Maestro de Reiki tradicional japonés, tarotista y ávido lector. Por eso, en este espacio, se hablará de energías, literatura y de lo que incomoda. Porque AMO incomodar(me).
Son las 2 de la mañana en Barcelona. Es mi momento favorito sentarme en el balcón a solas de noche y pensar.
El ruido de la calle bajó, pero el de mi cabeza está al mango. Repaso lo que hoy me esté quitando el sueño y analizo todo desde una perspectiva lo menos afectada por el ego posible…
Con el tiempo me he ido poniendo más solitario. Siempre lo fui, pero en el silencio siempre pude pelearme conmigo mismo tranquilo. Debatir, cuestionarme o autocompadecerme. Lo que sea que necesite…
El silencio nunca me resultó incómodo. La noche mucho menos. De hecho es el único momento donde encuentro paz; el mundo frenó y los estímulos desaparecen. No hay “deadlines”, obligaciones ni chats por responder.
Trato de descifrar porqué hice lo que hice, dije lo que dije y NO dije lo que NO dije. No por hacerme el martir, sino por encontrarle el mecanismo (o la falla) a mi inconsciente.
Siempre dije que el boludo es peligroso porque no sabe que es boludo…y siempre traté de huirle a eso. Si fui un boludo, quiero reclamar mi posibilidad de remediar mi error. Y a veces, ese remediar, tiene que ver más conmigo que con el otro. – ¡Qué duro es uno consigo mismo!
– Debería haberme tratado con más amor. Debería haber elegido mejor. Debería, debería, debería…
Y a veces también pienso lo peligroso que puede llegar a ser, querer ponerme al servicio y vender bienestar, cuando ni siquiera se sabe quién uno mismo, ni cómo llegó a donde llegó ni porqué hace lo que hace.
La idea de escribir por acá y mostrarme, parte desde este lugar. Ser verdadero. Porque también me niego a ser esclavo de la inmediatez del algoritmo.
– La “paz” que te venden en los frascos de mermelada espiritual es un chiste de mal gusto. ¿O no?
La razón por la que escribo es porque me gusta y porque me ordena. Es terapéutico. Y si algún día, una palabra o una idea mía ayudan a un otro, me daría por hecho.
Hay algo también en querer rebelarme contra lo impuesto. Quiero volver a lo pausado, a lo real. Para efímero ya tenemos de sobra. Escribir con tiempo, que me lean con tiempo. O sin tiempo…
En este diario hablaré de Reiki (el de verdad, el tradicional japonés) de Tarot Evolutivo, ese que no te adivina el futuro pero te despierta el presente; y de libros, ¡muchos libros! Todo desde mis vivencias, experiencias y perspectivas.
– Porque quiero poder escribir sobre mi primer desamor, sobre el abandono, sobre mi primer ataque de pánico o sobre mi tratamiento psiquiátrico… todo sin tener que pensar en ser efectivo para un algoritmo.
Quiero poder escribir sobre la felicidad o sobre lo dura que puede ser la vida. – Porque no sé si te diste cuenta, pero ya nadie habla de lo que duele.
Hoy todos hablan de fórmulas “prefabricadas” que te aíslan en un empoderamiento berreta donde lo ajeno molesta. Donde lo único que vale es la propia subjetividad y si no aporta, lo aparto. Como si la vincularidad fuera algo transaccional…
Acá no habrá corrección política. Habrá humor ácido, porque la ironía es la mejor forma de romper el ego. Habrá crudeza y habrá siempre ganas de cuestionarlo todo.
Si estás listo para sentarte a solas con tu silencio —y que por fin deje de doler—, bienvenido. Pasá y tomá asiento.