Vivir de día para siempre.

Li Bravo 20 mayo 2026 5 min read

Lo que perdemos cuando no perdemos nada. Una serie, un sofá, y demasiadas preguntas para una noche de vino.

Apalancados en el sofá, bajo una manta y vino mediante, con mi novio nos vimos del tirón una serie distópica que plantea una discusión filosófica bastante profunda y compleja.

Ver contenido con él, es estimulante, porque durante y al finalizar lo discutimos todo.

Debo reconocer que suelo ver series cuando necesito lobotomizarme para salir de mi mundo interior. Pero realmente disfruto mucho cuando aparece contenido como este, que lo único que hace, además de entretenerme, es estimularme para cuestionarlo todo.

«A mi sol (libra) y luna (escorpio) les gusta esto»

Porque lo vincular me interpela y ni hablar si hay lugar para profundizar. Así que, pala en mano comencé a cavar el hoyo más profundo.

—A mi juego me llamaron—. Pero tranqui, que no voy a hacer spoiler..

La idea de la que parte es de un virus extraterrestre que provoca la unión de toda la humanidad a nivel consciencia. Es un poco lo que, desde la metafísica se plantea de que todos somos uno, lo que me hago se lo hago a otro. Porque energéticamente, es un poco así…

Todos sienten todo, todos saben todo. Al nivel de que un niño de 6 años posee los conocimientos de un neurocirujano. Entonces, un niño tendría los mismos conocimientos sobre el dolor, la sexualidad y todo lo que incomoda, que un adulto. Y acá es donde la cabeza me explotó.

Porque, ¿Qué pasa con el aprendizaje?, ¿Dónde quedaría la sorpresa que nos brinda la inocencia? —Lo primero que pensé fue que nuestro niño interior entonces, muere—.

Pero le agregan un poco de complejidad al asunto, quitándole el libre albedrío. Ergo, perdemos autonomía, individualidad y soberanía sobre nosotros mismos. Porque pasamos a actuar en «modo colmena».

Y a quienes trabajamos desde lo holístico, un poco nos seduce esta idea, porque significa que habríamos alcanzado la elevación de la humanidad.

No hay maldad, ni egoísmo, ni nada de lo que, hoy en desmesura o mal gestionado, nos aleja tantísimo de la posibilidad de relacionarnos desde el amor.

Es de lo que un poco habla Jung: en la individualización nos encontramos con nuestra alma. Pero “alma” no en el sentido hippie fumeta, sino en el sentido más intrínseco y profundo de tu esencia. Alma como punto definitorio de quién sos cuando nadie te ve, quién sos cuando nadie te escucha. Con todo lo bueno y lo malo.

Entonces, en apariencia son todos felices (?).

—¿En serio?, ¿Cómo podriamos hablar de bienestar y felicidad si no hay libertad?, ¿Y dónde queda la intimidad?

¿Preferirías una «felicidad compartida» a la libertad individual pero conviviendo con lo que duele o incomoda?

Otro rasgo que aparece en estos seres infectados es que no pueden mentir ni dañar. O sea, bye bye crimen y todo lo malo de la humanidad. Pero, entonces… ¿dónde quedaría tu deseo?

—¡Pero, pará! ¿qué es el deseo?, ¿alguna vez te pusiste a pensar sobre eso?—.

Como persona que hizo más de 10 años de psicoanálisis, entiendo al deseo como motor primario. Es la zanahoria que nunca se alcanza. O a veces sí, pero como somos seres insatisfechos por naturaleza, cuando alcances esa, vas a querer otra. O puede que sientas que esa que alcanzaste, no sea suficiente.

El deseo es lo que nos mantiene vivos. Lo que nos hace luchar y levantarnos de la cama. Por eso no hay deseo tal cuando atravesamos episodios de malestar o depresión. —¿o es al revés? ¿Nos deprimimos cuando no hay deseo…?

—’tamadre, “nueva inquietud alert”

Otra característica que define a estos infectados. Todos full empatía. –porque sí, están todos infectados, pero hay una mínima cantidad a nivel mundial que no.

Y acá es donde aparece la riqueza que nos supone SER humanos. – Estoy hablando de un nivel del 100% de empatía. A un nivel enfermizo porque siempre estará primero el otro…

Entonces, hagamos un racconto: No se miente, no se daña, el otro va primero que yo, no hay individualidad, por ende no hay autoconocimiento. No hay crímenes, ni pensamientos negativos, no hay deseo personal, ni crecimiento, ni desarrollo. Básicamente, NO HAY EGO.

—¿No te parece espantoso?—.

El ego, hoy por hoy, tiene mala fama.

Pero el ego peligroso, para mí, es el mal gestionado. El ego peligroso es el que nos maneja porque no conocemos nuestra sombra o no somos capaces de convivir con ella sin salpicar de mierda al otro.

Plantear un escenario idílico de suma perfección y unión, nos haría perder la diferenciación individual que tanto nos humaniza.

Porque sí, cuando nos hacemos cargo de nuestra individualidad, aparecen las elecciones. Y cuando hay elecciones, hay pérdidas. Y cuando uno elige, puede incomodar al otro también.

Y ahí aparece lo que nos hace TAN hermosamente humanos: la capacidad de convivir con lo que nos molesta o no nos gusta tanto del otro. —¿ Acaso no es esta la definición más amplia y clara del amor?—.

Entonces, no puedo evitar preguntarme…

¿Qué pasaría si removemos las emociones negativas?

¿Qué pasaría si somos 100% complacientes con el otro?

¿Cómo sería vivir en un mundo donde sé todo del otro y sé todo a todos los niveles?

¿No sería como mutilar una parte fundamental de lo que nos hace humanos?

Ser humano es lo que nos diferencia del resto. Es ser animales también pero con la capacidad de relacionarnos “no instintivamente”. Sino racionalmente, conscientemente, amorosamente, gestualmente.

Plantear una sociedad así, se me hace como mínimo, aburrido. No habría magia, ni sorpresa, no habría aceptación de la sombra, ni nada que nos ayude a disfrutar de lo bueno.

Vivir en un mundo así, sería como vivir entumecido por el amor. ¿Pero sería amor?, ¿habría deseo?

Sería como vivir de día para siempre. ¿Y la noche?, ¿la luna?

¿Dónde quedaría mi ser más profundo e íntimo?, ¿Dónde podría esconderme cuando lo necesite? Si todo el mundo estaría sabiendo cómo me siento y qué pienso…

Sería como vivir en la desnudez del alma. Y un poco me parece que es un horror…

El amor y el deseo (siempre en sus más amplios sentidos) son emociones que se reconocen cuando habitamos la falta también. Cuando habitamos e integramos la idea de que no se puede tener todo. ¿Si no cómo podríamos reconocernos?, ¿Cómo podría amarte si vos sos yo y yo soy vos?

Se me hace que esto, en lo filosófico y holístico, está bien y funciona. Y es donde deberíamos llegar, pero solo utópicamente hablando.

Porque en la incomodidad que viene del otro, sea porque me espeja o porque es solamente un pelotudo, yo me descubro también.

El otro, desde sus diferencias, nos acuna, nos define y nos ayuda a viajar hacia adentro de uno mismo. Y esto, no es algo que esté dispuesto a perder…

Me niego a perder la capacidad de enojo o la capacidad de frustración. Porque estas también son emociones y también nos corresponde vivirlas.

Me niego a perder la capacidad de ocultarme un rato del mundo. O a poder enojarme con mi vieja, un amigo o mi novio. Me niego a renunciar a la posibilidad y capacidad de incomodarme.

Me niego a perder la capacidad de conmoverme inesperadamente en la calle por el misterio, dolor o felicidad que lleva alguien en la mirada. Me niego a dejar de sentir el miedo a perder a alguien. Porque de otra forma, lo estaría dando por sentado…

Me niego a perder la emoción de nostalgia en un día de lluvia. O a valorar y sentir la calma que me genera tirarme en un sofá a ver una serie con mi novio, mientras el mundo afuera sigue y yo no me entero…

Me niego a tener la posibilidad de habitar el deseo…

-

Al final, me dejé llevar por las palabras, y no te dije el nombre de la serie. La serie se llama “Pluribus”. Que significa: De muchos, uno…

-

Ahora te pregunto yo a vos: ¿qué parte de tu humanidad no estarías dispuesto a perder? Contame en los comentarios o respondé este mail. Tengo ganas de leerte.

Esto no es un newsletter de bienestar.

Es el diario de alguien que trata de desenredar la vida mediante las palabras. Si sos rebelde de alma y querés cuestionarlo todo, pasá y tomá asiento. No cobro nada. Y prometido que no hago spam. 🙂‍↔️