No quiero andar consumiendo almas
El amor como ejercicio diario en tiempos donde todo caduca rápido.
Vengo de dos días donde la cabeza no para. El lunes lo transité con mucha angustia, ayer con mucho agotamiento.
Prácticamente dos días donde no hice nada porque no había motivación ni voluntad alguna. Pero hoy me decidí a salir a hacer algo por mí y coincidimos en horario con Stef, mi pareja, para encontrarnos post-obligaciones y compartir un ratito.
No hay encuentro con él que, de una forma u otra, no me deje conmovido.
Recién vuelvo de tomar unas cañas con él y aproveché el viaje en el ascensor para avisarle que llegué bien y decirle que verlo me renueva la energía.
Él siempre me señala sorprendido que soy muy detallista. Que estoy en todo y me acuerdo de todo. —y un poco de razón tiene—.
Pero es que, como buen libriano, lo vincular me interpela. Y si hay algo que aprendí de las relaciones, es a no dar nada por sentado.
Entro a casa y me voy directo a mi biblioteca. Tengo por costumbre marcar y resaltar frases de los libros que voy leyendo para luego, en algún momento random —aunque no TAN random—, sentarme, elegir un libro al azar y abrir en alguna página.
El libro que elegí fue El hombre en busca del sentido de Viktor Frankl. Y me topé con esto:
“El segundo modo de descubrir el sentido de la vida se produce con la aceptación de los dones de la existencia; por ejemplo, la conmoción interior ante la belleza del arte, el esplendor de la naturaleza o el amoroso calor de otro ser humano.
El amor es la única vía para llegar a lo más profundo de la personalidad de un hombre.
Nadie conoce la esencia de otro ser humano si no lo ama. Por el acto espiritual del amor se contemplan los rasgos esenciales de la persona amada; incluso su potencialidad, lo que aún no ha sido revelado. Aún más: mediante el amor, la persona que ama capacita al amado a actualizar sus posibilidades ocultas. El amor consigue que el otro realice su potencialidad personal.”
— ¡Parecería a propósito!
Y esa frase me llevó a reafirmar lo que siempre sentí: nunca dar por sentado un vínculo. Porque el consumismo desenfrenado llegó a lo vincular también. Siempre sobrevolando las situaciones por miedo a aterrizar. Siempre con la sospecha de que afuera puede haber algo mejor.
Remarcar y reforzar lo cotidiano, los detalles, puede ayudarle al otro a ver cosas de sí mismo que lo empoderen. Así como su presencia me valida a mí: un mínimo gesto compartido puede cambiar el día del otro.
Esto es un ejercicio que trato de hacer: verte me llena de energía, gracias por invitarme hoy, un abrazo, una mirada sostenida.
Y a él nunca se lo dije todavía, pero a veces, mientras jugamos a las cartas o lo veo haciendo algo de la diaria, me quedo observándolo detenidamente para inmortalizar ese momento. Como si sacara fotos mentales de él, siendo él.
Y se me explota el pecho cuando lo hago, porque no hay nadie más hermoso cuando lo encontrás SIENDO…
En contextos como los de hoy, es de rebeldes tomarse el tiempo de amar a un otro para que, a sus tiempos y formas, pueda crecer como persona. Para que simplemente “SER”, sea motivo suficiente de ser amado.
No quiero andar por la vida consumiendo almas y cuerpos, con la sensación de que afuera puede haber algo mejor. Y sí, probablemente lo haya. Pero si hoy coincido en el amor con él, quiero quedarme y acompañarnos a ser mejores, día a día.
Porque quiero quererlo todo lo que pueda y más, para que intente ser la mejor versión de sí mismo. Y aún si no lo logra, que sienta que yo estoy ahí, más allá de lo que pueda o no ser, de lo que elija o no elija.
Y no me malinterpretes, no planteo esto como si yo fuera el motivo de su mejora. No. Lejos de eso. El primer motivo de su crecimiento será él mismo. A lo sumo yo estaré ahí para celebrarlo o para consolarlo. Y esto aplica para las amistades también.
Mi única intención es ser un refugio para el otro. O un claro en el medio de esta selvática y cruda vida donde pueda echarse a descansar un rato.
No pretendo salvar a nadie. Solo pretendo, que si un día me toca irme o él elige hacerlo, dejar las cosas un poquito mejor de lo que estaban.
— Y esto aplica para todo.