Lo que construiste hasta acá: ¿es lo que querías?
Los Oros no hablan de dinero. Hablan de todo lo que sostenés, lo que evitás, lo que te permitís y lo que todavía no te animaste a soltar. Si algo de eso te suena — seguí leyendo.
¿Qué tan sólida es la base que estás construyendo en tu vida?
Esta es una de las principales preguntas que nos hacen los oros. El palo más terrenal de la baraja.
No habla solo del dinero. Nos invita a reflexionar sobre lo tangible, del hogar, de tu cuerpo. Todo lo que concierne a tu bienestar asentado en el mundo físico.
Me gusta expandirlo hacia lo estructural de la vida. Más allá de lo que tengamos o no como individuo, me gusta repensarlo también sobre lo que se mueve en nuestro contexto y cómo nos atraviesa lo social.
— Los oros no son solo lo que tenés. También son el contexto que te sostiene… o no
Porque la tierra no es solamente tierra. Es suelo fértil donde podemos desarrollar nuestra experiencia y vida, valorando el poder que tenemos para transformar o mejorar las cosas — las cosas reales —.
El as, nos habla siempre de un comienzo. Te invita a repasar qué cambios están dándose en tu vida. Y no tienen que ser de los que son bisagra. Podemos estar hablando de pequeños detalles que llevan dentro el gen de algo nuevo.
Y ¿qué podría salir de esta semilla?, ¿qué estarías gestando?, ¿Saldrá todo como esperás? — No lo sabemos. Porque garantías no tenemos de nada. Pero, ¿y si saliera bien?
Lo único que nos queda entonces, es reconocer que tuvimos el valor de intentarlo.
¿Pero qué pasa cuando la vida misma nos supera?
El dos de oros viene a cuestionarnos cómo nos estamos manejando con nuestros recursos. Si necesitás ayuda o si querés seguir sosteniendo todo solo/a.
Te pregunta: ¿cómo la llevás?, ¿estás haciendo malabares?, ¿necesitás ayuda con algo?, ¿qué necesitás?
Puede indicarnos que lo estás haciendo bien y que podés. Pero también que no tenemos que demostrarle a nadie que podemos con todo. Porque no tenemos que poderlo todo.
Me gusta pensar que esta carta viene a recordarnos que no es necesario hacerlo todo solos, que podemos (y a veces debemos) pedir ayuda.
— No seas tan exigente con vos mismo/a.
Y si vas entendiendo de qué va la cosa, nos damos cuenta que no podemos lograr nada sin ayuda. La pidas o no.
El 3 aparece para decirte que lo colectivo es lo que te saca adelante. Tu vieja con la palabra justa, siempre. Amigos que te ayuden a volar o te bajen a tierra.
O simplemente, ceder un poco de uno para darle lugar al crecimiento del otro.
El trabajo es en equipo o no es. Porque nadie llega a la meta sin ayuda.
Y una vez que llegamos a esa meta, nos encontramos con que nos construimos un refugio seguro y estable. De esto nos habla el 4 de oros.
Un lugar que podemos usar para recargar energías y disfrutar de lo construido. — ¡Pero ojo con quedarte demasiado tiempo!
Las zonas de confort son un arma de doble filo. Puede que necesites el descanso, pero quedarse indefinidamente acá puede ser engañoso. Porque en este lugar no pasa nada.
El 4 puede invitarte a disfrutar de la solidez, pero también hacerte sentir que se te caen las paredes encima. Sin que te animes a abrir la puerta para ver qué más puede ofrecerte la vida.
Entonces, te pregunto: ¿Estás descansando o estás evitando?, ¿Querés avanzar o necesitás descansar un poco?; o ¿Qué te está impidiendo avanzar?, ¿Qué aspectos de tu vida están o sentís estancados?
Y quedarnos encerrados en lo conocido puede ser contraproducente. El ostracismo o la soledad es un arma de doble filo.
Quedarnos quietos tiene un costo. No solo material. También vincular. Hay muchas formas de escasez y los Oros no hablan solo de dinero.
El 5 de oros aparece cuando por algún motivo, te estás sintiendo solo/a, carente o escaso de algo.
Hoy por hoy, con el discurso del “amor propio” no perdonamos a nada ni a nadie. Nos envalentonamos en que todo nos tiene que ser productivo o dejar un saldo a favor. Cuando los vínculos no se tratan de eso…
¿Sos vos mismo/a que te aislaste demasiado?, ¿Hay algún aspecto de tu vida o tu forma de ser que sentís que no encaja con lo esperado a nivel social?, ¿Qué estructuras construiste en tu vida?
Me gusta pensar esta carta como una invitación a levantar la cabeza y buscar los ojos que nos estén devolviendo la mirada. Porque sí, puede haber algo en lo estructural que nos esté haciendo sentir solos. Y cuando esto sucede, para mí, es la vida invitándonos a buscar lugares donde seamos vistos y valorados.
Y cuando de recibir se trata, aparece el 6. Un 6 de oros nos habla de la generosidad en su más amplio sentido. No tiene que ser inmediato tampoco.
Y no hablamos solo de dinero. Si encontraste tu lugar en el mundo saliendo de un lugar de carencia, toca devolver el favor.
El 6 te invita a repasar qué tan dispuesto estás a dar y a recibir. La reciprocidad es algo que se construye con el tiempo. No tenés porque dar y esperar recibir algo en el momento. Muchas veces son construcciones que llevan tiempo.
¿Qué cambios querés ver en el mundo? O vayamos a lo micro: ¿Qué cambios querés ver en tu entorno?, ¿Podés ser parte de ese cambio?, ¿O tu postura es unidireccional?
A veces pensamos, que siendo tan ínfimos como individuos, nuestra conducta no repercute en ningún lado.
Los lugares, espacios y contextos sanos se construyen desde el amor en sus aspectos más amplios. Volvemos al 3, lo colectivo. El 6 es dos veces 3. Todo se duplica.
Lo que no doy, me lo quito. Lo que decidís poner afuera es parte también de lo que te das.
¿Qué podés hacer hoy para cambiar tu mundo?
¿Y?, ¿qué onda con lo que hiciste hasta acá?, ¿era como te lo imaginabas?, ¿vas bien?
El 7 me gusta pensarlo como un punto en el que frenamos (un ratito) para descansar y evaluar si lo que hicimos hasta acá, está prosperando como esperábamos o si es momento de pegar un volantazo.
Puede que coseches más de lo que esperabas, al punto de no sentirte merecedor de tanto. Y puede también que sientas que esto no es parte de lo que querías. Porque a veces la vida también nos boludea un poco.
El éxito puede no ser lo que creías. ¡O sí!
— Entonces, ¿qué onda? ¿Lo que construiste hasta acá es lo que querías construir?
— ¡Ojalá que sí! Porque llegamos al 8. Y esta carta nos habla de satisfacción.
Satisfacción por encontrar paz en la rutina. En hacer las cosas bien, nos guste o no nos guste tanto. Pero siendo conscientes, que los hábitos y rutinas, pueden darnos bases estables. Y en la repetición, encontrar mejora. Y en la mejora, la maestría.
Suelo ver esta carta como la habilidad que desarrollamos con el tiempo, de incorporar hábitos, costumbres y formas de vivir en este plano, que nos aporten bienestar y paz.
Construir artesanalmente nuestro bienestar. Nuestra abundancia. Nuestra vida misma.
Puede que se sienta aburrido. O puede que vayamos como pollo sin cabeza resolviendo con parches para sentir algo de “adrenalina”. — ¡Que no te juzgo, eh! Cada uno funciona como puede… De hecho yo fui (y a veces soy) de estos.
El 8 no viene a prometernos un subidón. Sino a mostrarnos que podemos construir una vida que nos de placer vivir.
Y una vez que nos convertimos en nuestros propios maestros, que pudimos trabajar para tener la vida que queremos, nos llega la hora del disfrute, ¿no?
El 9 de oros viene a decirte que sí, que te merecés todo lo que te querés dar. Y que nadie tiene derecho a venir a decirte NADA sobre cómo querés habitar(te) esta vida.
Aprendiste a consentirte, a darte lo que necesitás sin pedirle permiso a nadie y a darte el espacio necesario y vital para disfrutar de quien sos. Y esto va más allá de lo material… — que también, sí.
Nos habla de una energía de independencia y autonomía. ¿Podés y sos capaz de resolverlo todo? — ¡Claro que sí, reinona!
Pero en su parte oscura, puede hablarnos de todo lo contrario. De tan autosuficiente que sos, no dejás que se te acerque nadie.
Y como siempre digo, no tenés que poder con todo. A veces, es sano y hermoso dejarnos ayudar.
Y como todo buen adulto resolutivo, llega un momento en que te querés comprar tu techo. — Pero ojo, que no estoy siendo literal.
El 10 de oros nos habla de hogar y todo lo que te hace sentir seguro/a. ¿Una casa?, puede ser!
Si bien los oros nos hablan de lo terrenal, me gusta ampliar el 10, a todo lo que nos haga sentir seguros. A todo lo que nos haga sentir calentitos, como cuando estás envuelto en tu manta en el sofá.
Y es que esta sensación, es de las más placenteras del mundo. ¿o no? — ¿Y qué si te digo que vos podes ser tu propio refugio? O que un recuerdo puede ser tu hogar, o un aroma. O un comedero para pájaros en tu balcón o ventana.
Para mi el 10 de oro, nos habla y nos habilita para hacer el nido en dónde más plenos nos sintamos: puede ser una persona, un lugar, un país, un recuerdo o vos mismo. Adentro. Tu interior puede ser un jardín hermoso, que oficie de refugio para aventurarte al exterior.
¿Y qué pasa cuando tenés a donde volver? — No te da miedo salir. La sota de oros llega con una energía de principiante. Principiante en el sentido más ingenuo y amoroso. Nos habla de alguien que va para adelante sin planificar ni pensar tanto en el resultado.
Simplemente fluye, disfrutando de lo que se le cruce en el camino. Con ojos de niño y presencia en el ahora.
Cuando estamos absortos en la rutina, nos cuesta entender que lo lindo está en los pequeños detalles.
La sota puede ser una persona cercana a vos, un arquetipo o tu estado mental e interno.
Es una energía ligera que te invita a conectar con la sensación del solcito de invierno en la cara, el olor a lluvia o el abrazo de un amigo. — ¡O todo eso junto!
Y cuando te das cuenta que no se puede ir como caperucita roja por el bosque, es momento de evocar al caballero de oros. ¿Por qué? Porque es la persona (o tu versión) de confianza. Estable, segura. Lenta pero cumplidora.
Este caballero es la persona a la que le dejás a cargo a tu mascota cuando te vas de viaje. La que resuelve porque tiene un temple de acero y la que es organizada y metódica.
Lleva las virtudes de la tierra — del oro — al extremo. Es la capacidad de crear estructuras sólidas para pisar firme y caminar tranquilo.
Y te pregunta qué tan atento y presente estás para vos y para los demás aportando practicidad y no caos. También puede invitar al perfeccionista a relajarse.
Puede que no sea el alma de la fiesta pero es el que se va a quedar hasta el final recogiendo y limpiando con vos.
Y después de tanta practicidad, llegó quien sabe cómo disfrutarla.
Puede que esa fiesta la haya dado la Reina de Oros. — ¿Por qué?
Porque es como esa tía loca (en el sentido más benévolo) que todos tenemos — Si es que no nos toca serlo. Porque ya estamos en edad, la verdad…
Es esa tía que te da con todos los gustos y toda su sabiduría la filtra por lo material. Pero no desde el consumismo, sino por saber que al cuerpo hay que alimentarlo. Ella encuentra el balance perfecto entre los placeres mundanos como los espirituales. Pudiendo ser la más asertiva desde lo emocional como la que también sepa darte con algún que otro gusto.
Es esa persona disfrutona, que encuentra el mismo deleite en el caviar más exquisito como en el dulce de batata y queso.
Una Reina de oros te hará pensar en cuánto disfrute le das a tu cuerpo. En cuanto te permitís algún que otro capricho o si sentís que no te merecés nada.
La reina las ha pasado todas y sabe que la vida son 3 días y ya pasaron 2. Por eso no se queda con las ganas de nada. Reclama lo que necesita del mundo y no teme darse las comodidades que necesite sin caer en los excesos.
Es cuando aprendimos a vivir y disfrutar de lo que tenemos, que podemos considerarnos “ricos”. El Rey de oros viene a esto. A que te animes a disfrutar de tus logros: un buen trabajo, buena salud, buenos vínculos. A simple vista, nada por lo que quejarte.
El rey te viene a decir: — ¡Che, pará! Mirá todo lo que tenés a tu alrededor. ¿De verdad necesitás más?, ¿O es que estás queriendo llenar vacíos?
Este buen hombre nos puede hablar tanto de la celebración y la conformidad respecto a lo que para uno es el éxito, como por la idea, siempre insuficiente, de que siempre podemos tener más.
¿Qué es la riqueza para vos?, ¿Qué aspectos de tu vida son abundantes?, ¿Realmente necesitás más?, ¿Cuánto de lo que tenés podés compartirlo?
Ojo con quedarte agazapado custodiando lo ganado. Porque no hay riqueza tal si no podemos compartirla con el otro. — Y no estoy hablando del dinero…
Gracias por llegar hasta acá.
Si mientras leías apareció alguna pregunta incómoda sobre lo que construiste, lo que evitás o lo que todavía no te animaste a cambiar — ese es exactamente el trabajo real.
Eso es lo que exploro en sesiones de Tarot Evolutivo. Sin esoterismo. Con mucha honestidad.
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Y si este texto le sirve a alguien que conocés, mandáselo.
A veces una buena pregunta en el momento justo cambia el rumbo.
Nos leemos el próximo domingo.
Li. ✌🏼
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