"La luz de nuestras vidas se forma mediante la oscuridad que colocamos a su alrededor"
No es filosofía. No es autoayuda. Es una frase en un libro que te obliga a preguntarte quién carajo sos.
Los libros para mi son ese lugar seguro donde refugiarme cuando necesito aislarme un poco de mí o del mundo.
Me he mudado y me seguiré mudando con mis libros. Muchos me dicen que porqué no los dono, regalo o revendo. Es con el único objeto con el que desarrollé cierto “apego”.
Solo llevo dos años y medio leyendo de manera habitual.
—Y la verdad, que de las pocas cosas que me arrepiento, es de no haber empezado a leer antes—.
Tengo por costumbre resaltar las líneas que de alguna forma me interpelan y marcar las páginas para retomar contacto con estos pequeños mundos en papel cuando quiera o lo necesite.
Hay libros que se te quedan pegados. Pasan los años y todavía me resuenan frases, emociones que un par de líneas me hicieron sentir o personajes que se quedaron conmigo.
Esto me pasó con todos los libros de Trent Dalton: “El chico que se comió el universo” (de este libro tenés la serie en Netflix), “El arte de mirar al cielo” y “Lola en el espejo”.
Tiene una forma de narrar que, al menos a mí, me lleva a sentirme como incorporado en el personaje principal. Te hace vivir lo que el personaje vive, siente y piensa.
Leerlo a él es como experimentar la historia en tus propias carnes. No es algo que me pase con todos los autores. —Y quizás vos lo leiste o lo leés y no te pase pero dudo que te deje indiferente—.
“La luz de nuestras vidas se forma mediante la oscuridad que colocamos a su alrededor.“, palabras más palabras menos fue una frase que me desarmó por completo.
La leí y automáticamente bajé el libro y me quedé procesando el tremendo facto1 que acababa de leer. —y sí, no es la gran novedad—. Pero cuando las ubicás en contexto te lleva a reflexionar y a querer profundizar sobre porqué te impactó.
—Quizás vos la leés y no te pasa nada. Y está perfecto—.
Pero me parece sublime como en tan pocas palabras puede caber un conocimiento tan profundo sobre la vida y lo que implica el dolor y la felicidad.
Porque todo lo que nos sucede, todas las elecciones, lo que no somos, elegimos ser y lo que no podemos ser nos moldean y “enmarcan” todo lo que sí somos, todas nuestras elecciones, aprendizajes y virtudes.
Nuestro núcleo. Nuestra esencia en estado puro. Eso que nada ni nadie puede robar ni alterar.
Y en ese divagar que apareció al momento de toparme con esa frase, empecé a hacerme preguntas…
¿Quién soy?, ¿Cuáles son mis virtudes?, ¿Soy ese hijo abandonado?, ¿Soy las palabras que no pude decir?, ¿Soy las despedidas que no pude tener?, ¿Soy quien se alegra por las victorias de un ser querido?,
¿Soy ese que se desvela soñando con un futuro donde haya alcanzado mis metas?, ¿Soy mis ataques de pánico?, ¿Y acaso también soy los días que siento que me podría comer el mundo?
¿Y vos quién sos?, ¿Sos tus pecados?, ¿O sos tus anhelos, o tus esperanzas, o eso que resignaste, o eso por lo que decidís no bajar los brazos?,
¿Sos quien se levanta sin ganas pero aun así, sale de la cama y decide pelearla un día más?,
¿Sos quien siempre saluda cuando entra a un lugar?, ¿Sos esa alegría que nadie pudo ni podrá quitarte?,
¿Quién sos?
¿Soy mi rabia y enojo?, ¿Soy lo que me incomoda?, ¿Soy eso que no puedo cambiar y aprendí o tendré que aprender a convivir con ello?, ¿Soy lo que trascendí?,
¿Soy el corazón que sigue eligiendo amar bien a pesar de que lo hayan lastimado tanto?
¿Somos nuestros logros?, ¿Somos nuestros cuerpos?, ¿Somos nuestro futuro, lo que negamos o nuestra cultura?
¿Somos nuestros ingresos?, ¿Nuestro éxito, o lo que nos hace indignos, o nuestras emociones?
Soy. Somos. Somos todo esto y mucho más…
Somos lo que proyectamos y lo que no. Somos nuestras paranoias y las consecuencias de nuestras acciones y elecciones. Somos lo que nos obsesiona, lo que nos conmueve y lo que nos quita el sueño.
Somos lo que decidimos comer, vestir, callar y decir. Somos esa mirada tierna, ese suspiro de cansancio. Somos lo que condenamos y lo que perpetuamos. Somos lo que nos apasiona, lo que nos aburre.
Somos lo que decimos y lo que elegimos callar. Somos el duelo eterno en el que consiste esta vida. No nos damos cuenta pero desde que salimos del útero estamos en tiempo de descuento.
Nos la pasamos mirando el afuera. Nos definimos desde afuera y nos desvivimos por el afuera.
Somos lo que late y vibra en el pecho. Eso que, con luces y sombras y todos los matices que hay en el medio, nos hace ser únicos. Somos eso que somos cuando estamos en soledad sin el escrutinio de la mirada ajena.
Somos todo y nada a la vez. Somos. Y eso debería ser suficiente.
Somos todas las veces que volvimos a empezar, con las rodillas llenas de polvo y la mirada un poco más rota…
Si llegaste hasta acá, ¡Gracias! Espero que te haya dejado algo. Si querés reflexionarlo conmigo, dejame un comentario acá abajo o respondeme este e-mail. Amaría leerte…
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Y si querés leer el libro del cual salió todo este palabrerío, es “Lola en el espejo”, de Trent Dalton.
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Facto: es un modismo que se usa en Argentina para referirse a un hecho que no tiene posibilidad de ser refutado. Casi una sentencia. Viene directamente del inglés "fact" (hecho / dato real).
Una verdad indiscutible, un hecho objetivo o una observación tan certera que no admite debate.
Una declaración valiente o sin filtros que alguien suelta y que deja a los demás pensando: “Y sí, tiene toda la razón”.
Sus derivados pueden ser: factura o facturita también. 🤓 ↩