Falsos gurúes: el negocio de venderte una salida rápida

Li Bravo 06 agosto 2026 11 min read

Tu vulnerabilidad, su modelo de negocio.


¿Por qué, si la espiritualidad está cada vez más en boca de todos, nos sentimos más solos? ¿Qué nos está pasando como sociedad?

Las recetas mágicas, el envío de energía para quitarte el mal de ojo a través de un reel, e incluso con la promesa de adelgazar, son cosas que no paro de ver en redes sociales. Y como persona, reikista y paciente psiquiátrico, no puedo obviar hablar de esto.

De alguna forma me interpela. Por no decir que me subleva y me enoja.

Y no es algo que suceda solo en mi nicho. Lo podemos ver en la nutrición, el fitness y todo lo relacionado al bienestar.

Y sospecho, cada vez con más pruebas en la mano, que el auge de la derecha y el neoliberalismo no son casualidad en toda esta movida.

Como practicante y Maestro de reiki y paciente psicológico durante más de una década, se me hace inevitable pensar sobre el porqué estamos cayendo en las falsas promesas de soluciones brindadas por personas que carecen de algún título, certificación o aval.

Y, nobleza obliga, títulos universitarios no tengo. Pero sí me preocupé en formarme lo más seriamente posible y además soy miembro de la Federación Española de Reiki. Lo que me permite trabajar bajo un código deontológico que, principalmente, protege a mis consultantes. Porque lo que hago me lo tomo con seriedad. Y si hubiera una certificación para el Tarot, también la tendría.

Dicho todo esto, te estarás preguntando qué carajo tienen que ver la derecha, el reiki y el neoliberalismo…

La lógica es la misma en todos lados: tu éxito, tu peso, tu salud, tu pobreza. Todo es responsabilidad tuya y de nadie más.

Eso te lo vende un político de derecha hablando de ‘esfuerzo individual’, la bendita meritocracia; y te lo vende también un gurú de Instagram hablando de vibrar alto y que tenés que manifestar fuerte hasta que te cagues encima.

Es el mismo mensaje pero con otro disfraz.

Pero, ¿Por qué esto engancha?,

¿A quién engancha y hacia dónde nos lleva?

Como dije al principio, hay una enorme (y preocupante) cantidad de personas vendiendo determinada espiritualidad envuelta en promesas del tipo: —te mando reiki para adelgazar.— Y lo ves ahí haciendo maniobras con piedritas, trazando símbolos en el aire y soplidos.

La típica también es que te curan el mal de ojo, te remueven parásitos y te prometen que el 30 de febrero vas a recibir la bendición que estás esperando.

—¡Un loco todo!—

Cabe aclarar que más me preocupa LA CANTIDAD de engagement que esto tiene. Y acá es donde aparece el problema: las ideologías de derecha, el individualismo y el neoliberalismo.

Sino, mirá…

¿Viste los números? Este no es un random con 200 seguidores. Y así, hay muchos más.

Esto se sostiene porque hay una cantidad obscena de gente necesitando creer que su malestar tiene solución mágica y gratis. Y que sí o sí, tiene que venir de afuera.

Y ahí es donde entra la parte que nadie quiere nombrar… El trabajo REAL espiritual, es conectar con tu verdad más íntima. El verdadero trabajo espiritual tiene luces, sombras, días que no podés salir de la cama y días que salís pero querés llorar todo el tiempo y al próximo segundo matar a alguien.

Esto tiene nombre y viene marcado de manera directa con la forma en que las ideas de derecha moderna (que tan en auge están) moldean la individualidad y la espiritualidad. Esto es espiritualidad neoliberal. El bienestar tiene packaging también.

¿Y qué tipo de “yo” construye esta espiritualidad?

Este modelo de espiritualidad, lo único que hace es aislarnos del entorno.

Edifica por goteo una percepción propia de que sos un ser SAGRADO pero incompleto. Y para llegar a esa iluminación y completitud tenés que trabajar incansablemente en vos mismo. Y todo lo que venga de afuera contaminará tu camino hacia la luz.

Dejándote con una sensación de soledad tremenda porque “nadie te comprende” y con una sensación de hiperresponsabilidad sobre TODO lo que te sucede: no bajás de peso porque no te esforzás, no encontrás pareja porque todavía no sanaste el trauma de cuando en el jardín, un compañerito, no te quiso compartir un caramelo.

Porque sí, no es que los sueldos son una mierda, el problema es que no sabés ahorrar o sos medio vago/a. O si no salís de la cama cuando la depresión te llega porque no superaste tus traumitas, es porque no te esforzás mucho.

Cuando lo que necesitás es que te den un beso en la frente y te abracen un ratito.

El trabajo real es entender y aprender a que con algunas cosas se conviven. Y a lo sumo se integran, pero no todo se SANA…

De esto se desprende naturalmente el aislamiento: —¿qué me pasa?, ¿por qué no puedo avanzar?, ¿por qué no puedo cambiar?, ¿tan roto/a estoy por dentro que no puedo sanar?

Si el problema y la solución están adentro tuyo, el afuera: tus amigos, familia, instituciones, comunidad, ciencia; y todo lo que sea colectivo se vuelve innecesario. Por ende, hay GRANDES posibilidades de entrar en la siguiente fase: la tierra es plana, el protector solar no sirve, la vacuna del covid fue un genocidio encubierto. Y toda teoría conspirativa que se te ocurra…

Esto a nivel sociológico tiene un nombre: Conspiritualidad.

Y cuanto mucho, terminarás pidiendo ayuda a ese gurú, el único ser externo a vos que puede darte respuestas. A cambio de un dinerillo, claro.

—Vamos, que tenés que donar un órgano para obtener sus respuestas…—

Porque tienen 75 formaciones, pero todas muy flojas de papeles. Ellos saben de todo. Tienen respuesta para todo. Se creen lo que profesan ser y solo les gusta escucharse. Saben venderse porque la labia les sobra.

Y encima, muchos tienen los cojones de decirte que si no pagás lo que sale es porque no te animás o no querés estar mejor. Porque claro, ¿cómo no vas a poder pagar una formación o un curso? El cuál probablemente roza los 800€ (cuando ganás 1100€ y vivís de alquiler).

Y esto es una consecuencia directa de cómo, en la década de los 60/70 aproximadamente, se han ido importando, adaptando y prostituyendo muchas de las prácticas y conocimientos milenarios de oriente. Se las vació. Se le quitó todo tipo de mirada colectiva (que las tienen), y se empezaron a transmitir muy lavaditas y adaptadas a lo que la sociedad occidental pueda digerir.

Y lo mismo viene pasando con los conocimientos chamánicos, de pueblos originarios e indígenas. Que cuando lo oriental estaba exotizado, lo morenito era animalizado. Percibidos como subhumanos, animales; solo importaban los conocimientos orientales.

Como aquello ya lo agotaron, ahora vamos por lo “neochamánico”, lo “neoindígena”.

Apropiación cultural pura y dura. Cultura ajena convertida en producto: “Divinidad S.A.”

—Lo que quedará, más adelante, será ir por una espiritualidad y saberes extraterrestres: la “neo-marcialidad”.—

Porque si hay algo que queremos, es ver cambios pero sin hacer mucho. Que no sea muy difícil. Porque me da pereza. Queremos todo masticadito. Que un payaso devenido en ser espiritual me quite lo que no me gusta de mí a través de un reel de 30 segundos.

Y si vamos a aprender y a transmitir conocimientos milenarios, que sea desde el lugar más veraz, íntegro y respetuoso posible…

¿Y cómo identificar a estas perlas? Red flags del fraude espiritual

  • Promesa de pasividad absoluta: “No hagas nada, solo dale like y absorbe mi energía”. La espiritualidad real requiere trabajo interior, sombra y consciencia. No te la entrega un Glovo.
  • Aislamiento y mentalidad de “Nosotros contra Ellos”: Desacreditan por completo la medicina, la psicología o la ciencia. Un terapeuta holístico ético suma; el falso gurú resta y aísla.
  • Estética del hiper-éxito y la opulencia: Utilizan la “ley de atracción” para justificar su riqueza material y pantallas de lujo. El mensaje implícito es: “Soy un elegido, si me pagás o hacés lo que te digo, serás como yo”. Y los ves ahí, con su polito de Tommy y omnipotencia.
  • Ausencia de linaje o rendición de cuentas: No hay escuelas, maestros ni comunidades que respalden su práctica. Su autoridad es puramente carismática y basada en el número de seguidores. Que si abrimos este melón, solo encontrarás bots o personas de algún lugar remoto de Asia en condiciones de precariedad laboral, comentando en la cuenta del Maestro.

Es fundamental que las ideas individualistas que hoy día nos llueven de todos lados, no calen.

Porque acá si hay víctimas, son los más vulnerables. No solo por el contexto que le toque vivir, sino por los procesos que puedan estar pasando.

Ya que del dolor, crisis existenciales, transiciones vitales y los problemas nadie está exento.

No es que la gente que cae en esto sea vaga o tonta. Es que están solos, angustiados, y muy probablemente sin los recursos necesarios.

Porque un psicólogo cuesta. Un psiquiatra cuesta. Y en España, la salud mental pública tiene listas de espera de meses. Mientras tanto, el reel es gratis. Está ahí, a un click, prometiéndote alivio inmediato sin que tengas que esperar tres meses para que te atiendan quince minutos.

— A mí también me pasó no poder pagarme cierto tratamiento en su momento. Y he caído en este tipo de personajes cuando tenía el corazón roto y quería una certeza que refuerce mi creencia para no aceptar la realidad.

Cuando estás en crisis, cuando la ansiedad te tiene contra las cuerdas, la cabeza no busca la explicación más rigurosa. Busca la que ordena el caos más rápido.

—Como cuando le preguntás a las cartas si el cucaracho va a volver…

Y una respuesta simple como: “estás bloqueado, comprate piedras hechas de pezuñas de unicornio y mañana vas a estar mejor” ordena mucho más rápido que sentarte a laburar y mirar adentro tuyo durante meses.

Cuando en realidad, es algo que quizás no tenga solución del todo y toque aprender a convivir con eso.

No hace falta ser “menos inteligente” para caer en esto. Hace falta estar cansado, solo y sin alternativas reales a mano. Cuanta más crisis, más ansiedad, menos dinero y menos red de contención tenés, más fácil es que el gurú del reel te parezca la única mano tendida.

Y eso no lo vamos a arreglar señalando con el dedo a quien cae. Lo vamos a arreglar señalando un sistema perverso que lo único que hace es hacerte sentir responsable de todo lo que te sucede.

Un sistema basado en la meritocracia, en el que no todos nacimos o empezamos desde el mismo lugar, ni tenemos las mismas oportunidades.

Un sistema que se está llevando puesto lo público, erosionando el Estado de Bienestar. Haciéndonos sentir desamparados y sin herramientas.

Y esto aplica para lo espiritual, el fitness, la nutrición y los boludos de turno que te venden cursos sobre cómo hacer más dinero con un negocio inexistente.

Estamos inmersos en un sistema que nos deja solos y encima se fomenta esa soledad, haciéndonos creer que nadie nos puede ayudar. Ni una persona, ni una institución. Porque lo de afuera nos contaminaría ese camino espiritual que decidimos hacer…

Y acá es donde yo me distancio de todo esto. Porque como buen libriano, los vínculos me interpelan. Lo colectivo me interpela. Porque yo no puedo estar bien del todo, si el de al lado está pasando mal.

Yo no te voy a hacer creer ni sentir que tenés que tener todas las soluciones a todas tus inquietudes. Puede que te ayude a hacerte más preguntas, pero siempre con la claridad de que habrá cosas que dependan de vos y otras no.

Si creo que necesitás ir al psicólogo o al médico, también te lo diré.

No escondo mi formación, ni me escudo en apodos o pseudónimos. Incluso en mi web podés encontrar mi número de federado.

Estoy en contra de todo lo que nos divida.

Y si tuviera que resumirte la diferencia entera en cuatro líneas, sería esta:

  • El ego. En una espiritualidad real, se observa, se integra, se convive con él, con sus partes feas incluidas. En la neoliberal, se infla. Busca el beneficio inmediato, la foto, el aplauso.

Porque no es solo que el ego se infla: te venden que sos tu propia empresa. Tus emociones, tu paz, tu proceso de sanación: todo pasa a ser un capital que hay que invertir y rentabilizar.

Hasta el amor propio se volvió negocio: primero facturás bienestar para vos, y si sobra algo, se lo repartís a los demás.

  • El cuerpo en la espiritualidad real es territorio a habitar, con sus imperfecciones y todo. En la otra es un objeto a corregir para que encaje en el mercado: que adelgace, que rinda, que se vea bien en cámara. Sobre todo si sos mujer…
  • La verdad, en la real es proceso, es pregunta, es incomodidad; algo que se construye despacio y a veces duele. Es desesperante. Pero es ir hacia tu verdad más íntima. En la otra es dogma de 30 segundos, revelado por un iluminado que jamás dudó de nada en su vida.
  • La comunidad. Acá está la que más me interpela. En una espiritualidad real, yo sano si mi entorno también sana. En la neoliberal, mi bienestar es lo único que importa y el resto, que se arregle solo.

La espiritualidad se convierte en un producto estético. Los falsos gurús no buscan que te conozcas a vos mismo, sino que consumas su “energía” para encajar en los cánones del mercado (ser delgado, exitoso, millonario). Que sigas sus recetas para alcanzar el éxito.

Un éxito que se considera como tal si viajás, si te tomás el cafecito de especialidad de 10€ y si hacés yoga, pilates y meditás 8 horas por día.

Todo expresado con una vocecita suaaaave e impostada que me crispa los nervios, disfrazados de chamán con su outfit completo. Y muchos otros también vestiditos con su polo Tommy o Lacoste comprados con complejo de semidiós y un poco de irresponsabilidad.

Nos estamos encontrando con una despolitización del sufrimiento. Si sufrís ansiedad por no llegar a fin de mes, el McMindfulness te dice que el problema es “tu mente” o “tu baja vibración”, no la precariedad laboral.

La socióloga Eva Illouz y el psicólogo Edgar Cabanas (autores de Happycracia, si querés leer más sobre esto) lo explican bien: el capitalismo también colonizó las emociones, y hoy “estar bien primero uno mismo” se volvió un mandato que legitima el egoísmo con maquillaje terapéutico.

Recuperar una espiritualidad consciente, comunitaria y ética es, hoy más que nunca, un acto de resistencia política.

Porque para salir adelante no necesitamos inciensos, un gurú y las pezuñas del unicornio.

Para salir adelante basta con tender una mano, saber pedirla y la mirada de un amigo silenciosa y atenta.

Un sincero “¿Cómo estás?”, el viento en la cara o el ruido del mar.

Y me arriesgo a decir, que a veces, para salir adelante, solo necesitás salir a vivir con lo que tenés, con lo que sos y con los que están.


Si sentís que necesitás herramientas y no certezas, ya sabés dónde encontrarme. No puedo prometerte nada pero puedo ayudarte a hacerte las preguntas que quizás estás evitando.

Un abrazo,
Li. ✌🏻


Fuentes bibliográficas consultadas:

Podcast/proyecto que popularizó el término

  • Conspirituality Podcast — "About" (incluye el paper original de Ward & Voas para descarga) https://www.conspirituality.net/about/
  • Beres, D., Remski, M. & Walker, J. (2023). Conspirituality: How New Age Conspiracy Theories Became a Health Threat (libro)

Artículos periodísticos/divulgativos

Referencia general

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