Cómo el reiki me ayudó a ver mis “daddy issues”.

Li Bravo 20 mayo 2026 5 min read

Y el arte de aprender a sentarte con tu demonio y fumarte un cigarro con él.

Corría allá por el 2023 y yo andaba perdido como turco en la niebla.

Por distintas razones había decidido irme a vivir a Valencia. Llevaba allá unos 3 o 4 meses.

Pleno mes de agosto. Ideal para un amor de verano.

Yo tratando de superar a mi ex. – O quizás suplantar emocionalmente. ¡Quién sabe!

Y el amor de verano llegó. Tenía pasaporte brasileño y mucho carisma. Primera cita en la playa y desde ahí no nos despegamos durante 10 días.

No fue todo color de rosas pero cuando te relacionás desde la necesidad, las red flags se tiende a pasarlas por alto.

– Finjamos demencia que quiero sentirme visto un rato a cualquier precio.

Spoiler: ¡Sí, Mabel!, sostuve esto por varios meses y a distancia…

Grave, lo que se dice GRAVE objetivamente, no sucedió nada.

Pero sí considero peligroso no haberme respetado los no negociables.

No entraremos en detalle porque no viene al caso. Pero había cuestiones que eran sumamente incompatibles.

Llegó el momento de la despedida con la promesa de volver a vernos mediante. Y así fue…


Pero esto no es lo importante. Lo importante fue lo que pasó durante encuentro y encuentro. Porque esa primera noche mi angustia fue desmedida. No entendía porqué, si habían sido 10 días hermosos y estaba la promesa firme de que yo viajaría al mes siguiente…

Los días siguientes se sucedieron entre mensajes de afecto, algunas promesas y mucha angustia. Todavía seguía sin saber por qué…

Yo ya venía estudiando Reiki. Llevaba casi 3 años con la meditación y los autotratamientos.

Y acá es cuando me di cuenta que la evolución te encuentra viviendo. La vida te hace madurar mediante lo que elegís (consciente o no) experimentar. Por esto es que nunca tuve miedo de darme la cabeza contra la pared.

La cuestión fue la siguiente: durante una práctica de autotratamiento de Reiki conseguí internalizar en el cuerpo algo que yo ya tenía racionalizado después de tantos años de terapia.

Llegando a mi trabajo de ese entonces, sentí como, de manera vertical bajó algo desde la frente al pecho. ¡Me cayó una ficha!: —Estás poniendo a <vamos a llamarlo G> en el lugar de tu viejo. Estás esperando que de toda la atención que no tuviste de tu padre, se haga cargo G.

Por algo lloraste hasta deshidratarse cuando se fue. Por algo necesitabas que esté presente .mediante whatsapp 24/7. Porque lo que estabas haciendo era revivir el abandono constantemente.

Y ahí fue cuando entendí que esta dinámica la repliqué en todos mis vínculos.

Ver esto, como si lo estuviera viendo desde afuera de manera objetiva, me hizo más consciente de cómo actué. Y spoiler: —este miedo nunca se fue—.

Probablemente tenga que vivir con este miedo toda mi vida. Hay situaciones que, lamentablemente, son estructurantes. Es por esto que no creo que TODO se pueda resolver. Simplemente uno va adquiriendo más consciencia y aprende a domar sus demonios.

Pero, acá es donde para mí se pone interesante…

Cuando uno aprende a ver esto de sí mismo, sea cual sea la herida, puede empezar a tomar otro tipo de decisiones.

Y cuando sabés cuáles son tus demonios aprendés a estar más atento. Atento a qué tipo de vínculo querés tener, qué te merecés y qué no. Aprendés a negociar con vos mismo para saber y conocer tus límites y enseñarle al otro por dónde sí y por dónde no. Porque de eso se trata el amor también.

Cuando pude internalizar mis patrones (mal funcionantes) pude empezar a hacer elecciones más asertivas. Elegir personas que no me refuercen la idea del abandono y que no me gatillen malestar.

Está claro que no todo siempre es culpa o responsabilidad del otro. El otro no tiene potestad sobre mi bienestar ni mi malestar. A no ser que yo lo permita. Y esto es lo que sucede cuando uno no se conoce… se pone en manos del primero que te demuestre interés. —Hola, migajero…—

Y esto es lo que aprendí…

Cuando te podés sentar en calma con tu demonio, mirarlo a la cara y fumarte un cigarro con él, es cuando el otro deja de tener poder sobre vos. Y a los boludos los vas a detectar más rápido, vas a perder menos tiempo y cuando llegue la persona que en vez de gatillarte el trauma, te acaricie la herida con ternura, te vas a dar cuenta que el vincularse de manera sana existe.

Y vas a entender que cada gil que se te cruzó en el camino, fue para enseñarte sobre vos mismo. Y que vos también fuiste medio gil. Uno no siempre es la víctima. Yo también volví loco a más de uno…y de eso también aprendí.

Y hoy, que esa persona llegó. —Stef, ¡Gracias! — puedo experimentar que un amor sano te trae paz y claridad. Que por más inseguridades que tenga, el otro no va a meter el dedo en la llaga, sino que se va a sentar y te va a decir: ¿qué necesitás que haga?, ¿qué puedo hacer para acompañarte?

Y cuando sos capaz de elegir a alguien así, es cuando podés afirmar que el trabajo más duro ya lo hiciste porque el otro también se sentó con tu demonio y se fumaron un cigarro los tres.

El Reiki y el Tarot no te van a sacar el miedo. No te van a curar la herida de raíz ni te van a resolver los vínculos que te costaron caro.

Lo que sí hacen — de la forma en que yo los trabajo — es ayudarte a ver.

El Tarot te hace las preguntas que no te estás haciendo. Las que evitás porque incomodan o porque todavía no encontraste las palabras. Y el Reiki las baja al cuerpo. Porque a veces la cabeza entiende algo que el cuerpo todavía no internalizó — y es en el cuerpo donde las cosas se quedan guardadas más tiempo.

Lo que me pasó con G no lo entendí leyendo un libro sobre apego. Lo entendí en el cuerpo, durante un autotratamiento, de camino al trabajo. Así, sin aviso.

Eso es lo que busco que pase en las sesiones. Que algo baje desde la frente al pecho. Que algo se mueva. Que puedas mirarte con un poco más de claridad — no para que todo se resuelva, sino para que empieces a elegir distinto.

Porque cuando sabés con qué demonio estás tratando, al menos podés sentarte con él.

Convidarlo. Y de a poco — muy de a poco — dejar de temerle (y temerte) tanto.

Esto no es un newsletter de bienestar.

Es el diario de alguien que trata de desenredar la vida mediante las palabras. Si sos rebelde de alma y querés cuestionarlo todo, pasá y tomá asiento. No cobro nada. Y prometido que no hago spam. 🙂‍↔️