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3 Libros para cuando la vida duele y no sabés cómo explicarlo.

Si te soy honesto, antes leer me costaba la vida.

Diario De Un Reikista Medicado 01 abril 2026 5 min read

Podía tirarme meses hasta terminar un libro relativamente corto. Y quizás era el único que leía en todo el año.

Es bien sabido que los hábitos se construyen. Pero no es mi idea centrarme en esto ahora. En mi caso, el hábito de leer me encontró. — Siempre romantizando todo, ¡qué pesado!

Estaba en una época bastante complicada, crisis y muchos movimientos internos (externos también). Pero ya había tomado cartas en el asunto, y había empezado a participar activamente de lo que elijo consumir. Entre otras cosas: hice una curación ENORME de contenidos que consumía en redes. Acá, lo que no aporta, SÍ lo aparto.

Quedaron en mi feed, solo cuentas de divulgadores, comunicadoras, amistades y alguna que otra de memes. Porque sí, a veces también necesito disociar.

Entre ellas, quedó María Florencia Freijo, politóloga y divulgadora feminista que admiro como niña adolescente a los “Backstreet Boy”. — Se te cayó el DNI, amigo.

Entre toda la cantidad de contenido que ella divulga, suele recomendar lecturas y lo hace desde un lugar muy genuino, donde apuesta a la idea de que la lectura es una forma más de instrucción para valerse en el mundo.

Y ahí fue cuando llegó el libro que me abrió las puertas y ventanas de par en par al mundo literario: “Antes de que se enfríe el café”, de Toshikazu Kawaguchi.

Leyendo me encontré estando en el presente. Dejé de rumiar, la ansiedad bajó y pude empezar a dormir mejor. Todavía no me medicaba. Cosa que hoy SÍ. Pero de esto hablaré en otro momento… Perdon’t

Leer genera los mismos estados de relajación y química cerebral que cuando meditas. Comprobado. Asi que, no solo te ayuda a desarrollar un pensamiento crítico y te abre la puerta a universos increíbles, llenos de personajes que se te quedan en el corazón; sino que también, te relaja. Es un win-win.

Es la misma ‘reingeniería biológica’ que busco con el Reiki: darle al sistema nervioso ese estado de pausa necesaria para que el cuerpo deje de defenderse y empiece a reparar.

Te estarás preguntando qué tenía de especial este libro… — La verdad que no mucho. Pero como la mayoría de la literatura asiática, son sencillos de leer porque no adornan en exceso. Pero no por eso dejan de ser lecturas introspectivas.

En este libro te adentrás en una cafetería donde podés viajar en el tiempo. Pero tiene sus reglas. No voy a entrar en detalle, tranqui. Pero plantea la hermosa y nostálgica idea de volver a ver a alguien con quien te quedó algo pendiente. — Cosa que al 99.9% de la población le gustaría hacer, ¿a que si?

— Porque ¿A quién no le quedó algo atravesado en el pecho? Un te quiero, un perdón o un porqué. O quizás un último abrazo u oler un ratito más el olor de esa persona. Porque poco se habla del olorcito a mamá o el de tu abuela.

Es una pentalogía. Pero te juro que no necesitás leer los 4 que siguen. Haceme caso.

— En fin, ¡me fui por las ramas!

La cuestión es que es un libro rápido de leer, ideal para adentrarte en el hábito de lectura. Las historias conectan y el mensaje final para mí, es sumamente hermoso. — Eso sí, no le cuentes a nadie que terminé llorando como un condenado…

Otro libro que me impactó fue “La clase de griego”, de Han Kang. — ¡Aplausos por favor!

La descubrí en 2023, un año antes de que ganara el Nobel de literatura. Fue una compra random. Como si el libro me hubiera elegido a mí. — Te juro que esas cosas pasan.

¿Por qué me hizo sentir menos solo este libro? Porque me hizo entender muchas cuestiones sobre mí. Habla del dolor y los procesos emocionales sin caer en lugares comunes o golpes bajos. Donde a través de su protagonista, te muestra al silencio como forma de protesta.

Y yo crecí siendo señalado como un niño callado. Introvertido soy y seré siempre. Pero tuve una época donde expresarme me costaba. Y crecí con el comentario de: “qué callado que sos”, “¿por qué no hablás más?”, “¿siempre fuiste así?”

— ¿Así cómo?, ¿por qué tengo que hablar si no tengo nada para decir?, ¿tengo algo para decir?, ¿te interesa lo que tengo para decir?, ¿serías capaz de aguantar la verdad del otro?

A veces la vida duele tanto, que se te quitan las ganas de hablar porque no hay palabras que puedan describir con exactitud lo que estás sintiendo. — Esa luna en escorpio se nota, lo sé.

Por eso me gusta tanto el Reiki: porque es una terapia donde el silencio es sagrado. No hace falta explicar nada. En la sesión, como en el libro de Han Kang, el silencio no es un vacío; es el espacio donde por fin te sentís visto sin tener que rendir cuentas.

Muchas personas no soportan el silencio y tienen que llenar espacios con charlas superfluas. Nunca soporté eso.

No me malinterpretes. No me la paso disertando como si fuera la reencarnación de Sócrates. No soy un pesado. Puedo ser una persona muy divertida y con un humor sumamente cancelable.

Pero soy partidario de que no siempre es necesario expresarlo todo. Hay cosas que me prefiero quedármelas, otras que prefiero compartirlas luego de procesarlas. Y otras que elijo no decirlas porque a veces quien tengo delante, no quiere realmente escuchar.

Y solo el sentirte visto puede hacerte sentir comprendido, validado y que te den ganas de volver a hablar. Que es un poco lo que le pasa a ella en el libro.

— Le doy “5 lisandritos” a este libro. Y cualquiera de Han Kang. Haceme caso.

Y por último, pero no menos importante: “El arte de mirar al cielo” de Trent Dalton.

Es de mis autores favoritos, la forma de narrar te hace sentir que estás dentro del protagonista. En este caso, Molly. Una niña que crece en la Australia de la segunda guerra mundial, en el seno de una familia disfuncional.

Una gran niña sabia, que dentro de los elementos del realismo mágico, te enseña cómo estamos acompañados, guiados o asistidos por las personas que más nos quisieron.

Sin caer en la espiritualidad de manual, lo que hace es devolverte la fe en que nunca estamos realmente solos. El título en inglés le hace más justicia: “Todos mis cielos brillantes”. Por cielos entiendo que se refiere a su abuelo o su madre fallecidos, a quienes acude cuando la vida se pone difícil. — Tranqui, no te estoy spoileando nada.

— ¿O nunca miraste hacia arriba para hablar con alguien?

La historia es realmente hermosa, divertida y por momentos triste. Tiene de todo. Pero el eje central para mí se trata de eso, de que las presencias cambian de forma o estado pero quien te quiso y quiere de verdad, no se va nunca de tu lado.

3 libros para 3 momentos distintos de mi vida que me hicieron sentir menos solo, comprendido y que me acercaron a una mejor comprensión sobre mí mismo.

Leer tiene esto, te abre universos que no vas a encontrar en otro lado, te interpelan y encima te relajan el sistema nervioso. — Si te soy sincero, no le veo la parte negativa.

Estos libros me recordaron que hay otras formas de habitar el mundo. Que el silencio cura, que la introspección es un acto de valentía y que, a veces, lo único que necesitamos es una buena historia para recordar nuestra propia divinidad.

Porque el Reiki, como un buen libro, no te arregla la vida por arte de magia; te devuelve la claridad para que vos mismo puedas ordenar el caos.

Si sentís que necesitás un poco de ese silencio, ya sea entre páginas, el tarot o reiki, pasate por mi web.

lisandrobravo.com

Un abrazo,

Li. ✌️

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